Nadie, en varios kilómetros a la redonda, sabría decir su nombre. Lo intentarían, pero serían incapaces de repetir aquella sucesión de sonidos. Se hablaría de él, con una mezcla de recelo y admiración, en todos los rincones del país. Una sociedad secreta exaltaría esa singularidad y lo elevaría a la categoría de dios. Adorarían al inefable. El gobierno, viendo amenazada su privilegiada posición, tramaría su asesinato. Y los seguidores, fieles hasta la muerte, se enfrentarían a las autoridades. Daría comienzo, inevitablemente, una batalla fratricida.
Recapacitó, descartó la primera opción y dijo: mejor póngale Juan, como su abuelo.
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Este microrrelato participó
-sin éxito-
en la convocatoria de
Relatos en Cadena del programa
Hoy por Hoy de la SER.
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