lunes 23 de noviembre de 2009
Filtro de amor
viernes 20 de noviembre de 2009
Protagonista
miércoles 18 de noviembre de 2009
La primera noche
La noche que fue conducida a palacio y ofrecida al sultán, la hija del visir no tuvo ningún miedo. Su plan era infalible. Sabía que nada iba a fallar, que todas esas noches leyendo relatos a la luz del candil, quemándose las pestañas, recordando antiguas leyendas y escuchando nuevas versiones, tratando de memorizar los personajes, las tramas, los desenlaces, ideando el modo de mantener la tensión y el interés, de crear incertidumbres, de engarzar un cuento con otro y así conseguir aplazar su ejecución hasta la siguiente noche, sabía que todo eso, no había sido un esfuerzo inútil. Se tendió, pues, sobre el lecho y tras brindar con el sultán empezó a contarle la primera historia.
domingo 15 de noviembre de 2009
El arte de la tortura
viernes 13 de noviembre de 2009
Prueba de fuego
Esta vez no erraré el tiro, me digo mientras apunto a este civil inocente, al que ni siquiera han dejado fumar un último cigarrillo. El capitán sospecha que disparo al suelo, que no me atrevo a matar a mis enemigos, y para comprobarlo me ha despertado antes del alba y me ha ordenado asesinar a este pobre joven. No puedo fallar porque de lo contrario podría acusarme de traición y mandarme fusilar.
Cuando grita fuego, desvío la pistola hacia el capitán y vacío el cargador. Uno menos. Mientras arrojo la pistola al chico y le ordeno que huya, voy buscando una piedra con la que golpearme.
miércoles 11 de noviembre de 2009
Despertares
miércoles 4 de noviembre de 2009
Prefijos
El prefijo in- tenía muy mala fama en el diccionario, pues todos lo consideraban una mala influencia. Ninguna palabra quería estar junto a él. A su lado, el culto se convertía en idiota, el dispuesto enfermaba, el discreto perdía la vergüenza, el completo acababa perdiendo piezas, el feliz se apenaba, el maduro se comportaba como un niño, el solvente se cargaba de deudas, el válido empezaba a cojear, el crédulo se veía asaltado por las dudas, el adaptado se sentía fuera de lugar... Incluso el cesto atentaba contra la moral. En definitiva: el mundo se convertía en algo sucio y asqueroso.
Una noche se reunieron las palabras y decidieron expulsarlo del diccionario. Al principio el prefijo se resistió pero cuando le arrancaron el guión no tuvo más remedio que huir. Buscó asilo en un diccionario de inglés, donde ahora vive feliz y se siente útil siendo una preposición.
lunes 2 de noviembre de 2009
Gusto
Me despierta muy temprano el estridente sonido de la alarma. Por primera vez en la vida -y sin que sirva de precedente- me alegra oírla, así que la dejo sonar unos segundos antes de pararla. Doy una palmada para asegurarme y tras escuchar un sordo clap, compruebo con alivio que he recuperado el oído. Me levanto de la cama, enciendo la radio y mientras tarareo la canción de turno, me preparo un café.
Hojeando –por ponerle un verbo- el periódico en el portátil le doy el primer sorbo a la taza humeante, pero de tan caliente no noto el sabor. Mientras espero que se enfríe un poco, enciendo el cigarrillo sin el que soy incapaz de despertar y también lo encuentro insípido. Empiezo a sospechar. Destapo el azucarero, lleno una cucharilla y la vierto sobre la lengua. Nada. Cojo el salero y lo agito encima de la boca sin ningún resultado. No hay vuelta de hoja: he perdido el sentido del gusto.
Como tampoco me parece tan grave la pérdida, incluso intuyo sus ventajas, aprovecho para probar ese queso azul del aguinaldo que tanto asco me da, aunque no olvido taparme la nariz porque, afortunadamente, todavía tengo olfato. No está mal. Ni bien. Mastico después un par de guindillas. Insulsas. Exprimo un par de limones y me bebo el jugo de un sorbo sin hacer ninguna mueca. Después me aventuro a probar algunas cosas -que por escatológicas no voy a confesar- sin que mi paladar note ningún sabor. Tras estos experimentos, y con una sonrisa incrédula, me cepillo a conciencia los dientes y me dirijo a la oficina.
Terminada la jornada laboral, ficho y me dirijo a recoger a mi novia a su trabajo. Le doy un beso, que ella se encarga de alargar, antes de preguntarle qué tal el día. Mientras me responde que bien, como siempre, y me propone ir al cine, reparo en que tampoco noto en sus besos el sabor habitual. Me excuso diciéndole que estoy muy cansado, que mejor vayamos otro día, y tras acompañarla a su casa, regreso a la mía, me meto en la cama y acepto que la pérdida de ese sentido es más importante de lo que en un principio creía. Espero, por lo menos, dormir a gusto esta noche.
viernes 30 de octubre de 2009
Génesis 8 bis
Después de cuarenta días, Noé quiso comprobar si las aguas por fin se habían secado y soltó una paloma que tras volar durante horas regresó exhausta buscando una superficie en la cubierta donde posarse para descansar. Siete días más tarde -intuyendo ya la amenaza de un motín causado por la escasez de alimentos- volvió a soltarla confiando que encontrara tierra, pero de nuevo regresó agotada, sin ningún indicio de la bajada de las aguas. Esperó otra semana y casi sin esperanzas liberó de nuevo a la paloma. Esta vez regresó con una ramita de olivo en el pico, pero el águila la divisó en el horizonte antes que el capitán del arca y, muerta de hambre como estaba, la devoró. Al ver que no regresaba la paloma, Noé perdió la fe y se arrojó por la borda. Extendida la noticia entre la tripulación, su familia fue devorada por los animales poco antes de encallar en tierra firme. Más tarde, Dios solucionó el imprevisto con un poco de barro, un par de soplos y una pequeña manipulación de las escrituras.