miércoles, 10 de marzo de 2010

La insuficiencia del género


Escuchó con atención “Continuidad en los parques” y tanto le gustó que, acomodándose en el lecho, pidió otro. Ella no esperaba esa reacción pero, sin poder ofrecer resistencia, le contó “La afrenta”, de Mateo Díez. Otro más, por favor, exigió él, insatisfecho e insomne. Entonces escogió las “Escenas de burdel”, de Olgoso, pero con ése tampoco tuvo suficiente y demandó más. Uno tras otro, le fue narrando “París de cuerpo entero”, de Guedea, “Necrofilia”, de Denevi, “Solipsismo”, de Brasca, “Despecho”, de Neuman, “Carrusel aéreo”, de Merino, “La tela de Penélope”, de Monterroso... sin lograr saciarlo. Después de algo más de un centenar de minificciones, ella se quedó en blanco, sin otro cuento que relatar. Lo siento mucho, dijo el sultán irritado, ya conoces las normas. Debiste escoger un género más extenso. Y se dio la vuelta sin desearle siquiera dulces sueños en la última noche en este mundo de Sherezade.


Este microrrelato participó -sin éxito- en el I Premio de Microrrelatos sobre Microrrelatistas

lunes, 8 de marzo de 2010

Agencia de mensajería


Aunque ya no recuerda el tiempo que lleva buscando aquella casa, se niega a aceptar que se ha perdido. Sin embargo, no puede desistir: el jefe lo despellejaría si regresa a la oficina sin haber realizado la entrega de ese pedido internacional. Continúa dando vueltas, sin rumbo, agotado por el enorme esfuerzo, aun sabiendo que jamás encontrará la dirección que hace ya tanto que busca. Al fin, ojea el fardo y sólo encuentra un montón de canas y arrugas, así que da media vuelta y resignado regresa a París. Quizás el jefe lo entienda.

viernes, 5 de marzo de 2010

Juegos lingüísticos

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Hubo un tiempo en que creí controlar el lenguaje. Ahora sé que todo fue una ilusión: es él quien me controla a mí.
En apariencia parece que soy yo el que lleva las riendas pero ya me he convencido de que no es así. Empiezo una frase con toda tranquilidad pero enseguida me obliga a colocar una adversativa y una copulativa. O una disyuntiva. Unas veces me insta a ser breve. Conciso. Frases cortas. Rápidas. Estilo telegráfico. No me gusta. A él tampoco. Aunque así se divierte. Otras veces me impone digresiones y paréntesis, como cuando intento explicar que me tiene dominado, como ahora, o como aquella vez en que intenté contárselo a mis amigos, cuando todavía los tenía, y obviamente empezaron a dudar de mi cordura. Todo para que pierda el hilo de lo que digo, para volverme loco.
Los miércoles y los sábados exígeme términos esdrújulos. Auténtico espectáculo ridículo, melódico. Conviértome en cómplice de su incómodo propósito; víctima de un ímpetu mágico obedezco órdenes estúpidas. Catálogos monótonos déjanme rígido, afónico. Por suerte, abúrrese rápido por pérdida de técnica lingüística.
Pero lo peor de todo es cuando le da por no dejarme puntuar y no me permite hacer pausas en mi discurso y parece que nunca llegaré al final de la frase porque no puedo poner ni una coma para coger aliento y mi cara empieza a enrojecer y el aire no llega a mi pulmones y me cuesta respirar pero no puedo detenerme sin terminar un oración que sé cuando empieza pero desconozco cuando termina ni si tendré tiempo a llegar al final sin caer al suelo víctima de espasmos por falta de oxígeno como ahora mismo me sucede y pedir ayuda es inútil porque nadie va a creerme y sólo me queda esperar su benevolencia y que al fin me deje poner este punto final.

lunes, 1 de marzo de 2010

Gestación


Durante semanas busqué una buena idea, pero nada se me ocurría. A punto ya de desistir, la colisión de varios pensamientos produjo un relámpago en mi cabeza y durante ese breve fogonazo vislumbré la historia. Ahí estaba, comprimida, esbozada, maleable. Me pasé días buscando el enfoque, el tono, el punto de vista. Redacté una primera versión, y me imprimí una copia. La diseccioné con tinta roja, llenándola de tachones y notas marginales, flechas que intercambiaban las posiciones de las frases, y subordinadas apretujadas añadidas entre líneas. Quedó irreconocible. Corregí el texto y sin leerlo, lo dejé reposar en el disco duro. Lo abrí una semana más tarde, y durante otras dos lo fui retocando a diario, pacientemente. Una coma aquí, este adverbio fuera, mejor otro sinónimo. Al fin, una madrugada lo di por terminado.
- ¿Un cuento, diez o doce líneas? ¿Sólo? ¡Menudo vago está hecho usted!- masculló el jurado.

viernes, 26 de febrero de 2010

Alzheimer topográfico


Estaba destinado a ser, sin duda, uno de los mejores libros de la historia de la literatura, pero quemó el manuscrito antes de llevarlo a imprenta porque no lograba recordar el lugar de la Mancha donde empezaba la historia.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Finalista del X Premio de Relato Mínimo Diomedea

Microrrelato-Minificción-Microrrelatos

Mi relato “Prefijos” fue elegido el pasado lunes como uno de los dos finalistas en el X Premio Diomedea de Relato Mínimo, convocado por Sergi Bellver desde su bitácora.

Muchas gracias a Sergi y al jurado, y enhorabuena a Hugo y José, finalista y ganador del concurso, respectivamente.

martes, 23 de febrero de 2010

Pompas fúnebres


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Nacieron, brillantes y súbitas, de un soplo, pero justo antes de explotar comprendieron que desaparecerían para siempre, convertidas apenas en un leve recuerdo. Como el primer hombre. Como este texto.

viernes, 19 de febrero de 2010

Tráfico de órganos


Mi segunda pareja me acaba de robar el corazón. Sin embargo no me entristece, porque nada va a poder hacer con él: se lo lleva hecho pedazos.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Buen perro

A Tabs, por ser mi mejor amigo,

cuando todavía no era un hombre


Dame la patita, le ordeno, y él obedece sin rechistar. No, la otra, insisto poniéndolo a prueba, y él acata de nuevo la orden. Ahora, como recompensa, nos vamos de paseo, le propongo, pero por mucho que lo intenta, no logra seguirme sólo con el impulso de las patas traseras.

lunes, 15 de febrero de 2010

Metamorfosis


Después de leer a Ovidio, Apuleyo y Kafka, tras años de perseverantes y solitarias investigaciones, de miles de experimentos inútiles y ensayos fracasados, soportando las burlas de los pocos que conocían este ambicioso proyecto que había de situarme en la élite del mundo de la ciencia, hoy, por fin, he conseguido descifrar la fórmula que permite metamorfosear un ser humano en un perro. Lamentablemente, nadie comprende ahora mis ladridos.