viernes, 20 de mayo de 2016

Lunas


Tras la noche, el amanecer pinta de nuevo a nuestro alrededor el camino sin asfalto, los maizales a punto de cosechar y los dos olmos secos del ribazo. Mi coche del siglo veinte rompe con una pincelada de plomo la armonía de este cuadro impresionista. Todo ahora es silencio, incluso el canto del gallo y los ladridos de los perros a la mañana. Tú permaneces inmóvil en tu asiento, medio desnuda. En el parabrisas, la mentira y el alcohol de la noche se condensan y se deslizan en un llanto callado, sin sollozos, que humedece la pintura y emborrona el margen inferior del lienzo de cristal. No hace falta decir que es la hora de regresar. La guantera me vomita de una sola arcada mis gafas de sol y se queda boquiabierta. Escondo mi mirada bajo una escala de grises antes de dar el contacto y preguntarte dónde vives. Aunque bien podría haberte preguntado quién eres. O quién soy.


 Este microrrelato ha sido publicado 
en la sección "Los pescadores de perlas"
de número 390 de la revista Quimera.

6 comentarios:

Anita Dinamita dijo...

Me encanta este micro, se ve que has arriesgado en él para dejar ahí esa pregunta final que rebota dentro.
Una perla, desde luego.
Abrazo

Víctor dijo...

Contestar comentarios en el blog: esto sí es viajar en el tiempo, y no las tonterías del Delorean.
Abraçada, Ana.

BB dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Elena Casero dijo...

No deberían morirse los blogs. De ningún siglo, aunque el protagonista no sepa ni dónde ir, ni el nombre de la chica. Me ha encantado

el marido de la portera dijo...

¿Qué puedo decirte aparte de expresar mi admiración por tu escritura?
Un abrazo.

P.D. Bajándome del Seat Panda, (aquí no tenemos Delorian), yo sigo empecinado en escribir y contestar comentarios en blog e intento, como dice Elena, mantener vivo un blog.

Víctor dijo...

Gracias por pasarte por aquí, América, aunque te comentario haya desaparecido. Un saludo.

Pues no, Elena, no deberían morir los blogs. O dicho de otro modo, no deberíamos dejarlos morir. Un abrazo, Elena.

Pues sigue en tu empeño, Marido, porque un blog es un gran amigo. Escribe, escribe, escribe. Un saludo.