Cuando, a principios de abril de dos mil nueve, decidí abrir este blog desconocía en absoluto dónde me llevaría. Hoy, tres años exactos después, sigo sin haber llegado a ningún sitio, y por si fuera poco, continúo sin saber hacia dónde me dirijo. Pero poco importa el destino si, como hasta ahora, disfruto del viaje. Porque, al fin y al cabo, ¿no es eso lo que cuenta?
En todo este tiempo, he ido conociendo mucha gente interesante, de la que he aprendido un montón de cosas. No voy a citar sus nombres porque -mi memoria da pena- temo olvidar a alguien, pero -no seáis modestos- os podéis dar por aludidos. Si lo que leéis por aquí os gusta es en gran parte gracias a vosotros.
En lugar de comentaros las tropocientas visitas (una arriba una abajo) que han pasado por aquí, o daros una lista inflada y vanidosa de las publicaciones donde han aparecido mis relatos (ser un plasta da sus frutos), o de mencionar los miles de comentarios recibidos (sí, ya sé, más de la mitad son míos), prefiero dedicar estas últimas líneas a agradeceros que paséis por las Realidades Para Lelos, que perdáis de vez en cuando un par de minutos de vuestras vidas, que no es poco, leyendo lo que por aquí escribo. Porque de nada sirve todo esto sin vosotros.
Dicho lo cual, solo me queda felicitaros y daros la enhorabuena por conseguir que, por lo menos yo, esté orgulloso de esta botella lanzada al océano de la blogosfera. ¡Cumplid muchos más!