Me pasaría la vida entera en tu cuello, viajando por el archipiélago de tus lunares, enredándome infantilmente en las cortinas de tus cabellos, contemplando tus labios como quien mira la luna, soñando con un viaje de explorador a tus hombros moteados, notando el bombeo de la carótida, unas veces lento y otras acelerado, de no ser por esos peces de tu ropa que acechan mis cobardes tentativas de asalto y me hacen sentir, una vez más, como un gusano.
Con este texto inauguro un serie de pareidolias,
un fenómeno psicológico consistente en que
un estímulo vago y aleatorio
(habitualmente una imagen)
es percibido erróneamente como una forma reconocible.













