Cuando hacemos el amor solo somos una peca en el dedo del pie, unos labios callados que a gritos lo dicen todo, una oreja con mono de susurros y mordiscos, unas nalgas incapaces de soportar caricias, unos dedos de excursión que buscan refugio en la humedad de tu cueva, una lengua conduciendo en círculos por la rotonda de tu pezón, un monte de Venus demasiado peligroso para un alpinista inexperto como yo y un flequillo que apenas puede esconder tus ojos en órbita. Afortunadamente, el cigarrillo de después recompone esa amalgama de miembros y apéndices, completa nuestros cuerpos y los convierte de nuevo en nosotros. Y ahora me vienes con que quieres dejar de fumar.
Este microrrelato,
inspirado en el vídeo de arriba,
participa
-como puede-
en los Viernes creativos
del blog Escribe fino
de Fernando Vicente










