miércoles, 7 de octubre de 2009

Feliz aniversario


Regresa a casa pasadas las once y mientras cierra la puerta con sigilo lanza -alargando las os más de lo habitual- un hola cariño, qué tal, que se queda sin respuesta. Cuando aparece por el marco de la puerta, todavía sin sacarse el abrigo, encuentra a su mujer de brazos cruzados, apretando los labios y frunciendo el ceño.


- De dónde vienes a estas horas- le pregunta a quemarropa.

- Nada, que he tenido que ir...

- Cállate, haz el favor. No aguanto más excusas. En realidad me da igual de dónde vienes. Cada año lo mismo. ¿No sabes qué día es hoy?

- Cariño no te pongas así, yo te lo explico; resulta que...

- Ni siquiera lo recuerdas. Debería darte vergüenza. Pero que va a darte a ti, que jamás en todo este tiempo has tenido un detalle conmigo. La culpa es mía, por esperar un gesto tuyo. Si ya no te pido joyas, o viajes, o un fin de semana romántico en un hotel, tú y yo solos. Si me conformaría con unas flores. Pero ni eso. Mira que soy ilusa.

- Princesa, no te pongas así. Lo que ha pasado es que....

- Vale, por favor. Y no me llames princesa. Estoy harta del mismo número cada año. Mira, ¿sabes qué? Me voy a la cama. Y que duermas bien en el sofá. A ver si así la próxima vez te acuerdas.


Cruza por su lado sin tan siquiera mirarle y cierra la puerta del dormitorio con un sonoro portazo. Desconcertado, arrastrando los pies, sale de la salita y se acerca al armario en desuso que hay en el pasillo. Tantea la parte superior, a ciegas, hasta que da con una pequeña llave. Tras soplarla para quitarle el polvo, la utiliza para abrir con un chirrido el cajón inferior y colocar -sobre un manto de pétalos secos, unas reservas de hotel caducadas y unas viejas entradas de teatro- una cajita, adornada con un lazo, que contiene el anillo del que tanto le ha estado hablando ella durante las últimas semanas. Cada año igual, se dice, y encaja su cuerpo en el estrecho sofá.

24 comentarios:

Un saxofonista en mi salón azul dijo...

Me está gustando esta dosis de realidad para lelos... ¿Y no es él muy lelo por no pararle los pies y decir "para, escúchame", aunque sea a gritos? ¿Y no puede entrar regalo en mano o tirárselos todos a la cara y largarse a buscar otro sofá mejor? Sí, me gustó. Un beso.
LADY JONES.
Historias cortas para la gente de poca paciencia, jeje

Claudia Sánchez dijo...

Excelente Víctor! Me encantó!
Saludos!

Cloe dijo...

No tenemos la capcidad d sorprender ni de dejarnos sorprender.

Abrazo

Arcángel Mirón dijo...

Yo que él, la sigo hasta la habitación e insisto. DE tanto encajonar las cosas, va a estallar (él y el cajón).

:)

Ayahara dijo...

Es lo que pasa por creernos que sabemos todo sobre la otra persona, por no confiar, ni dejar tiempo a explicaciones o no querer escuchar: Nos equivocamos!. Muy bueno el relato, lastima que historias como estas sean a veces reales. Un abrazo!

Un paseante dijo...

Todo tiene su parte buena: así ya no hay que pensar en el regalo del año que viene. Hay que ser positivos. E ir pensando en cambiar el sofá.
Muy bueno. Felicidades.

Miguel dijo...

Creemos saber todo de la otra persona, nos enfadamos cuando no reaccionan o responden como nos gustaría que hiciese. Así el ser humano: Siempre disconforme.

Un abrazo Víctor

Miguel

Víctor Hugo dijo...

jejejeje muy buen cuento... a veces la rutina hastía a las personas...

saludos
VH

Esteban Dublín dijo...

El título, vital en este relato, es de un sugerente muy interesante. Gracias a él voy al cuento: que en pocas (¿o muchas quizás, Víctor?) líneas evoca la rutina que año tras año se repite.

El segundo párrafo es magnífico. No sólo por la escritura, sino por la sutileza de los detalles.

El final me ha encantado: Cada año igual, se dice, y encaja su cuerpo en el estrecho sofá. Basta ser hombre para sentirse identificado con este olvidadizo personaje.

Buena por este, Víctor. Aunque insisto: creo que aún puede ser más corto y, por ende, preciso.

Bays dijo...

Me encantó! Qué ganas de cachetearlos a los dos! A ella por no escuchar y a él por dejarse maltratar así.
Un día tendría que dejarle el cajoncito abierto como al descuido y, cuando ella venga suplicante, tirarle un sarcástico "¿Viste?" e irse a buscar otro sofá.

no comments dijo...

Me diste la idea para un micro, cuando lo añada te aviso. ;)

Un saludo indio

Víctor dijo...

Cuidado no pilles una sobredosis, Lady Jones. Aunque si tienes mono, siempre puedes leer alguno de los anteriores, que también enganchan. Y sí, él es lelo. Pero ella también.

Pues me alegro Claudia. Y felicidades per la segunda mención en el concurso de Minificciones.

Y a veces ni las ganas, Cloe.

Muy valiente eres, Arcángel Mirón, con el cabreo que lleva ella. Bienvenido y regresa cuando quieras.

Eso mismo, Ayahara, somos unos ignorantes en pareja, que nos creemos muy sabios, y luego ya ves.

Sí, Paseante, lo mejor será que el próximo año le regale un sofá.

Víctor dijo...

Así nos van las cosas, Miguel. Aunque creo que la mayor parte de culpa es de la falta de atrevimiento.

La rutina y la falta de coraje, Víctor Hugo. Bienvenido a las realidades para lelos. Tienes las puertas (¿o los puertos?) abiertas.

Me alegra que te gustara, Esteban, aunque lo encuentres un tanto largo. Es que cuando me animo me cuesta parar. Y más me alegran tus comentarios, tus disecciones de mis relatos, tus críticas.

Pues sí, Bays, cuando terminé de escribirlo a mí también me dieron ganas de darles un par de bofetadas, por tontos.

Espero con ansias ese relato que prometes, No Comments. Ah, y si te forras, me cedes un tanto por ciento por la idea, ¿no?

Daniel Os dijo...

Somos tan retorcidos los humanos, que es lógico que las relaciones también lo sean… nacemos solos, morimos solos y nos empecinamos en poner un socio fijo en todo lo del medio.

Excelente acuarela de la decadencia de la estructura familiar inventada para los primeros años de la humanidad.

D.

Belén dijo...

Bien tonto que es, yo hubiera ido a la habitación y se lo hubiera dado... eso si, me hubiera ido al sofé a dormir, para que se sienta mas culpable aún...

Besicos

Rafael Vázquez dijo...

Muy bueno, Víctor.

Víctor dijo...

Yo sólo quería mostrar lo malo de no atreverse a hacer las cosas, Daniel, y lo peor de no dejar que los otros se expliquen. Pero me gusta tu interpretación. Bienvenido, y regresa cuando te apetezca.

Buena opción la tuya, Belén. Aunque un poco cruel. Un saludico.

Gracias Rafael. También acepto -y agradezco- críticas. ;)

Gloria Estrada dijo...

Hola Víctor. Me gustó.
Pienso que el personaje masculino de este relato está guardando algo más que cosas, y en partes distintas al empolvado armario. Como dijo alguien aquí, un día va a estallar... y no sabemos qué puede pasar entonces.

Una cosa me generó duda e hizo que me devolviera un poco: que digas que tantea a ciegas la parte superior del armario... por un fugaz instante pensé que estaría ciego jjj pero supuse finalmente que el pasillo estaría a oscuras, no?

un saludo.

India Ning dijo...

Esto podría ser el guión de un estupendo cortometraje.
Maldita impaciencia, eh.

Muy bueno ;)

Víctor dijo...

Sí, Gloria, el prota no está ciego, pero el pasillo sí que está a oscuras, supongo que para que su esposa no vea lo que contiene el armario. Y sí, también tienes razón en lo de estallar: si te lo callas todo acabas estallando.

Maldita impaciencia (de ella) y maldita falta de atrevimiento (de él). Y eso que ser un guión de cortometraje... ummm.... hace días que le doy vueltas a la cabeza. Y creo que muy pronto me lanzaré a algo así. Me gustaría ver en imágenes lo que nació en palabras (aunque en mi cabeza ya había nacido antes en imágenes). Ya informaré, si doy el paso. Un saludo.

Javier Ortiz dijo...

Ambos personajes son culpables de esa situación. ¡Qué desastrosa relación!

Víctor dijo...

Lo curioso, Javier, es que no sólo son culpables, sino que también son víctimas de la situación. Las dos caras (o las dos cruces) de la misma moneda.

Un saludo.

una más... dijo...

Bueno y él por qué no habla? o no, eso tiene respuesta.. por qué no la coge de la mano y la lleva al cajón?
( me ha dado lástima, que lo sepas.. )
Saludos lelos ;)

Víctor dijo...

Él no habla, por la misma razón por la que ella le interrumpe continuamente. Y si no la lleva al cajón es quizás porque no se lo merece.

A mi también me dio lástima cuando acabé de escribirlo y lo leí del tirón por primera vez. Que lo sepas, también. ;)

Un saludo.