lunes, 27 de julio de 2009

Abandono familiar


No sé cuánto llevo sin verla porque cuando ella se marchó -hace ya tanto- me quedé solo y desconcertado entre estas cuatro paredes y perdí la noción del tiempo. Se despidió con un simple adiós, sin mirarme, y yo me quedé estupefacto, sin poder decir ni una palabra. Desde entonces la echo de menos. Muchísimo. Añoro el modo de decirme entre las sábanas, con la primera sonrisa de la jornada y un ojo entreabierto, buenos días guapo; extraño sus canciones susurradas a media voz como para no molestar mientras me miraba fijamente y yo permanecía inmóvil, mudo, atrapado por su canto de sirena; a menudo evoco con nostalgia aquellas largas charlas matinales en las que arreglábamos el mundo mientras devorábamos un desayuno pantagruélico y escuchábamos las noticias en la radio; incluso echo en falta las dos o tres leves contracciones musculares que necesita para dormirse y que siempre me desvelan cuando estoy a punto de pillar el sueño. Sin duda lo daría todo por uno de esos abrazos suyos que sin embargo recuerdo ya tan lejanos. Porque hace ya tanto de eso... No sé cuánto más voy a poder soportar esta soledad sin perder la cabeza. Si esto sigue así soy capaz de cometer cualquier tontería. Hasta se me ha pasado por la...

¿Me has echado mucho de menos, nene? pregunta ella desde la puerta tras regresar a casa -como cada tarde desde hace ya más de ocho años- después de un duro día en el trabajo. ¿Se te ha hecho largo el día sin mí? añade con sorna y un guiño.

11 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Claro que se le ha hecho largo. Pobre hombre.

Citopensis dijo...

Bueno... pero hoy te pillé antes de terminar.

Un saludo.

Fernando dijo...

Un final muy romántico e inesperado. El amor no sabe de incertidumbres, cuando existe siempre se espera lo mejor. Un saludo al autor de este bello relato.

una más... dijo...

Pero qué bonito!! ay.. qué le vas a contar a los que aman sobre el tiempo? precioso, me encantó..
Saludos!

no comments dijo...

Ahora me faltas y enloquezco, te acabas de ir y la soledad me abruma,me duele el amor.

Un saludo indio

Alejandro Ramírez dijo...

Hermoso. Ya me imaginaba una gran tragedia.

Lo del final es circunstancial, la evocación es suficiente.

Un saludo.

Víctor dijo...

Es que el tiempo, Esteban, no pasa igual para todos.

Lo siento, Citopensis. Otra vez será. Aunque no siempre buscan la sorpresa, mis relatos.

Me alegro que te gustara Fernando. El teimpo es relativo, un segundo puede durar años, y un año puede desvanecerse en un instante.

Gracias, Una más. El amor deforma el tiempo hasta dejarlos como los relojes de Dalí.

Tanta dependencia en el amor, No comments, no es buena. No sufren los dos por igual.

Así que me salió previsible éste... bueno, en tal caso nos quedamos con la evocación, Alejandro.

Lunhe dijo...

Me encanta. Sí que es cierto que me recuerda a lo que escribí, pero esto es mejorado. El tiempo es una cosa extraña, sobre todo cuando nos parece que se detiene por culpa de una ausencia y un "¿cuando volverá?".

Bays dijo...

Bello texto. Me caló hondo. Todo, me nos el final, que ojalá fuera mi caso.

Miguel dijo...

Eso es amor y lo demás tonterias.

Enhorabuena, campeón.


Miguel

Víctor dijo...

El tiempo es relativo, Bays. Además, no envidies a ese protagonista porque cada día le ocurre lo mismo; la llegada de su esposa no arregla nada de nada.

Eso es amor, Miguel, y sufrimiento inútil.