miércoles, 1 de julio de 2009

Violencia doméstica

Acurrucada y escondida en una esquina del baño, sollozando como una niña indefensa, lo piensa por última vez. La vida se ha convertido en un infierno a su lado y no encuentra otra salida: aunque lo ama, aunque todavía sigue queriéndole, reconoce que ha caído en una relación adictiva, en una absurda espiral de la que -sino toma una determinación- no va a poder salir. Debe acabar con él antes de que sea demasiado tarde.

Recuerda que al principio todo fue muy bonito, como todas las relaciones que empiezan. Estar con él era descubrir lugares increíbles, conocer gente interesante, estar informado de todo lo que ocurría, y ver espectáculos asombrosos, estar todo el domingo encerrados en el salón, solos, ellos dos, uno frente al otro, o trasnochar como jovenzuelos, o reír a carcajadas. Era aprender algo nuevo cada día. Pero con el tiempo todo eso fue cambiando. Primero fue el fútbol, no se escuchaba otra cosa, luego la fórmula uno, después las carreras de motos, hasta que al fin cualquier deporte. Empezaron los gritos, los insultos, las mentiras y las infidelidades. Las discusiones por tonterías, de las que ella sin embargo no podía desengancharse. Las noches de sexo y perversión, mientras fingía estar dormida. De ahí a los golpes y la violencia sólo hubo un paso.

Pero ahora la convivencia se ha hecho insoportable, absorbente, y ya no está dispuesta a aguantar ni un minuto más. Va a deshacerse de él, necesita acabar con esa pesadilla. No hay otra opción. Sale del baño y, en penumbra, se acerca sigilosamente por detrás; desconecta el enchufe y lanza el televisor por la ventana de su ático. Por fin libre.

5 comentarios:

Posmoderna dijo...

Increible, es leer un micro cuento de Cortazar.

saludos

Carolina dijo...

Pues yo digo que Cortazar se queda chico.

Martín dijo...

Por eso prefiero los libros. Muy bueno! Un abrazo

Víctor dijo...

Posmoderna, Carolina: haced caso al segundo mandamiento, no debéis tomar el nombre de Cortázar en vano. Agradezco el comentario pero me parece apabullantemente exagerado. Julio es Julio. Nadie como él.

Yo también prefiero los libros, Martín. ¿Se nota? Un saludo a tu Living.

MIGUEL dijo...

Mas de un matrimonio esta formado por tres: EL TELEVISOR. cuanta incomunicación otorga a la familia, al ser humano, si no se usa adecudamente.

GENIAL VICTOR.

aBRAZOSSSSSSSSSSS