miércoles, 9 de enero de 2013

Agraciado


El lunes entró en el bar, pidió una tónica y compró un décimo de lotería porque terminaba en cinco, su número favorito. Volvió el martes, pidió una tónica y como no recordaba haber estado ahí el día anterior compró un décimo. Del mismo número. El cinco en las unidades lo hacía irresistible. Cuando entró el miércoles, el camarero le sirvió una tónica sin que la pidiera, y le ofreció un décimo que aceptó al instante. Porque acababa en cinco. Y porque no recordaba haberlo comprado antes. Durante semanas bebió tónicas y compró décimos, distintas tónicas, mismos números, hasta que una mañana entró en el bar para preguntar si tenían décimos terminados en cinco, lo encontró atestado de cava, sonrisas, abrazos, periodistas y agujeros tapados, y se quedó a celebrarlo. Cuando despertó ya había olvidado por completo que tenía unos cuantos décimos del Gordo. Ayer venció el plazo para cobrar, y sus papeletas siguen arrinconadas en algún cajón. A todos les conmueve su desgracia, pero él se siente afortunado porque el camarero, tras contestarle que no se preocupe, que en Navidad le guardará uno que acabe en cinco, no le ha dejado pagar la tónica.


Este microrrelato ha participado 
-sin éxito- 
organizado por la 
Escuela de Escritura Verbalina.

12 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Pues me ha gustado mucho porque él está contento. Lo que me parece mal es la gente del barrio o ese camarero que parece que le va a pagar tónicas por vida, sabiendo como saben que tenía décimos, ¿por qué no le dijeron nada? Incluso, desde un punto de vista puramente egoista, hasta parece una víctima facil facil para sacarle la pasta. O... ¿es que no son así ten malos?

Anita Dinamita dijo...

Me pasa lo mismo que a Luisa, me gusta mucho como está contado, pero eso de que les conmueva la desgracia y no hayan dicho nada es raro, ya que tampoco le han timado...
Un abrazo

CARO GARCÍA dijo...

En parte coincido con Luisa y Anita. A uno le cuesta entender la maldad de esas personas para ocultarle semejante notición, porque uno no es así. Pero es cuestión de que coloquemos sobre el título la temática "Navidad Alternativa" para que se comprenda mejor la situación.
A mí también me dio pena este hombre, pero me alegra saber que él no se percata de su fracaso. Ni lo hará, aunque lea este comentario, porque mañana se preguntará si visitó las Realidades. Ahora que me pongo a pensar, lo haríamos infeliz cada día del resto de su vida, si visita a diario tu blog...
Un beso agraciado, Víctor.

Nicolás Jarque dijo...

Víctor, bastante desgraciado es esta alma errante que vaga por los bares con mucho despiste, pues no acordarse ni caer en la cuenta que quizás es poseedor de un décimo premiado, es para hacérselo mirar.

Simpático el relato y con cierto humor negro.

Abrazos.

paco kali dijo...

La obsesión es mala compañera de
viaje, es mejor la mesura . . .
y sobre todo cobrar los premios.
Un fuerte abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

A mí este micro me provoca mucha ternura, Víctor, pero -sin duda- es porque la pérdida de la memoria me toca muy de cerca.

Estupendamente narrado, con un pulso narrativo que excita al lector en la búsqueda del desenlace, me alegra la alegría del personaje, me roba una sonrisa su inocencia. Porque, además, se refleja el hecho de que no sólo el dinero nos hace felices.

Un abrazo,

Xesc dijo...

Me parece terrible que tome tónica. sin más. Sola. Sin nada que la anime. Si al menos le echara una buena ginebra, vale. ¿Pero, y los décimos acabados en cinco? No entiendo porque no le soltaron los parroquianos lo de la famosa rima cuando acabó el plazo de cobro.
Me gustó la apreciación de distintas tónicas, mismos números.
Una abraçada.

Víctor dijo...

Pues esa pregunta creo que se va a quedar en el aire, Luisa. Los parroquianos son malos, sí, pero podrían ser peores. Un abrazo y gracias por comentar.

La maldad, Ana, tiene grados. No tantos como el ron, pero unos cuantos. Un abrazo de niebla.

Gracias, Caro. A veces la falta de memoria nos trae desgracias, pero la misma falta de memoria nos puede traer la felicidad. O algo parecido. Un abrazo, Caro.

Gracias, Nicolás. Es desgraciado, sí, pero ¿si no recuerda baher comprado el décimo, también lo es? Abrazos.

Que los cobre quine los pueda cobrar, Paco, porque a mí, este año, ni el reintegro. Gracias por pasarte por aquí y comentar. Regresa cuando quieras. Un abrazo.

Creo que la pérdida de memoria -de un modo u otro- nos toca a todos de cerca. En mi carta d los reyes magos ya cayó algún guiño a eso. Y tienes mucha razón: no sólo el dinero nos hace felices. A veces con una tónica nos basta. Un abrazo, Pedro.

Lo de la rima es de muy mala leche, Xesc. Casi mejor no decirle nada, ¿no? Y la tónica mejor sola, porque si sin aginebrarla no recuerda nada, imagínate aginebrándola. Lo de la apreciación de distintas tónicas, mismos números lo puse porque -interiormente- se lo debo a alguien. Un abrazo.

Laura dijo...

Un micro muy, pero que muy alternativo y divertido. A mí este hombre me parece muy feliz. Su falta de memoria no le hace concebir la desgracia que los demás ven en el hecho que escribes. Y además es feliz porque el camarero le ha invitado a la tónica.

Creo que hay personas que son felices, sin más. y puede que cuanto más compleja es la mente...mayor infelicidad encuentras en el camino, porque se es más consciente de todo lo que te atañe y te rodea.

Ay ¡qué largo, Víctor!....es que me enrollo como la compota.
Besos desde mis palabras.

Víctor dijo...

La felicidad, Laura, no depende del dinero. Por lo menos en este caso. Y no te preocupes: enróllate lo que haga falta, que para eso están los comentarios. Un abrazo.

Dominique Vernay dijo...

Este hombre es un sabio... se conforma con poco o tal vez haya alcanzado la felicidad suprema... quién sabe... me gusta

Miguelángel Flores dijo...

Un micro lleno de ternura, olvido y felicidad sin más, sin más ni menos. Bueno, y de humor, que también lo tiene. No hay que ponerse trágico, que ya lo es el tema de por si. Lo mejor de todo es que él es feliz, qué más da el motivo. A veces, uno tiene los motivos y, en cambio, no lo es.
Abrazos.