viernes, 15 de enero de 2010

Trincheras


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De haber sabido con lo que se iba a encontrar, seguramente habría escogido otra opción. Pero ahora ya no hay marcha atrás. Debe afrontar su elección. Es tarde ya para arrepentirse, y el tiempo corre en su contra.
Atrapado entre el estallido de las bombas, el zumbido de los aviones volando raso, las ráfagas de las ametralladoras y el silbido de las balas, puede distinguir con claridad los gritos de auxilio de los compañeros. Sin embargo, sabe que nada puede hacer para ayudarles. Tirita y se siente fatigado. Tiene el uniforme empapado y lleno de barro. El viento helado de levante le ha congelado ya la piel, mojada por la lluvia que no ha parado de caer durante días. Le entra el miedo en el cuerpo. A su alrededor todo huele a pólvora, a humedad, a muerte. Sabe que esa batalla no servirá para nada, como ninguna de las que se han librado hasta ahora en la tierra. Pero ahí está metido él, por su propia decisión, sin poder culpar a nadie. Ni siquiera consigue divisar al anónimo enemigo en los claroscuros de la batalla. Mordisqueándose nerviosamente el labio, nota el sabor eléctrico de la sangre y ahí ya reconoce que se ha dejado arrebatar en exceso por la lectura, que se ha metido con demasiada intensidad en el papel del soldado protagonista de la narración; por suerte lo tiene fácil para ponerse a salvo: cierra el único libro -una edición pequeña, de bolsillo- que pudo llevar consigo, para distraerse en sus ratos libres, y lo guarda en la mochila, dando por concluido aquel combate.
Instalado de nuevo en la realidad, se arrastra entre el barro de la zanja, coje un fusil y apunta hacia la oscuridad enemiga, mientras confía -entre ruidosas detonaciones y fogonazos cegadores- en poderse permitir otra breve pausa para, pese a todo, terminar de leer la novela.

18 comentarios:

Alejandro Ramírez Giraldo dijo...

Ufff... Quedé sin aire.

Admiro mucho tus escritos. No me gusta decir si son buenos o malos (que los críticos lo hagan) pero personalmente me encantan.

Un saludo.

Walter Giulietti. dijo...

WAW! Muy bueno Víctor. Felicitaciones!

Esteban Dublín dijo...

Magnífica idea. Estupendamente bien escrita.

Neogeminis dijo...

Inesperada "vuelta de tuerca" que le has dado al final de tu excelente relato!
Un abrazo!

Miguel dijo...

Una buena mezcla entre ficción y realidad, Víctor.

Me ha gustado mucho. Enhorabuena.

Un abrazo

Miguel

bajoqueta dijo...

Una manera de fugir de la realitat. Molt bo :)

Belén dijo...

Es que si no le dejan a uno leer tranquilo, se enfada!

Besicos

wingerr dijo...

Lo que más me hizo reflexionar fue, como lo llamaste, el anónimo enemigo. En una guerra, si sobrevivimos, tendremos que llevarnos con nosotros los rostros de todos a quienes matamos. Nada más. Rostros. Qué aterrador.

Me gustó el relato!

Víctor dijo...

Respira, Alejandro, respira. Gracias por el comentario. Y puedes darme tu opinión acerca de mis textos, aunque no seas un crítico profesional. Los lectores casi nunca son críticos (profesionales) y a quien pretendo agradar es a los lectores, no a los críticos. Por cierto, no soy buen ilustrador, así que no voy a poder ayudarte en tu búsqueda. Pero si me entero de alguien le paso tu blog. Un saludo.

Gracias por el comentario, Walter. Se hace lo que se puede. Saludos.

Me alegra que te agrade, Esteban. Aunque creo que se puede pulir un poco más el texto, también estoy satisfecho con el resultado. Un abrazo.

Esta vez, Neogeminis, opté por dar dos vueltas de tuerca. La primera, hacer ver al lector que el prota no está en la batalla, sino que sólo es una lectura. La segunda, reinstalar de nuevo al prota en la batalla, esta vez en la realidad. Y por lo que veo, funcionó. Más o menos. Saludos.

Víctor dijo...

Sí, Miguel, es un poco un ping pong de realidad y ficción. De la realidad (batalla) se pasa a la ficción (lectura) y se vuelve de nuevo a la realidad (la otra batalla). Me alegra que te gustara. Un abrazo.

Sí, Mònica, encara que a vegades quan fuges de la realitat te'n trobes una de pitjor. Una abraçada.

Ya te digo, Belén; lo que se agradece la tranquilidad y el silencio cuando nos ponemos a leer. Saludicos.

Es que con la evolución del arte (?) bélico, Wingerr, el enemigo cada vez es más invisible. Los romanos, los caballeros medievales... sabían contra quien luchaban, veían al enemigo. A partir de la primera guerra mundial, se lucha sin saber a quien se mata, sin ver esos rostros que se nos quedan grabados en la memoria. Tal vez por eso proliferan tanto las guerras: por su impersonalidad. Un saludo.

no comments dijo...

El microrelato me mantuvo en tensión, salvado pues no era una batalla real y sobresaltado porque sin embargo sí lo era... uff

Algo extenso pero muy bueno.

Un saludo indio

Víctor dijo...

De eso iba la cosa, No Comments, de hacer una doble pirueta, de pasar de un plano a otro, de la realidad a la ficción y vuelta a la realidad. Puede que algo extenso, sí. El siguiente es más breve. Un saludo.

Saul Rojas Blonval dijo...

Leyendo detrás de líneas enemigas. La manera en como nos escapamos de la realidad con una historia no tiene piedad, ni siquiera en el campo de batalla.

Muy bueno Víctor

Saludos.

Víctor dijo...

Sí, Saul, es el problema de no escoger una buena lectura para evadirse. A veces escapamos de la realidad, o lo intentamos, yendo a parar a una realidad peor. Gracias por comentar, Saul, y un saludo.

carlos de la parra dijo...

Las guerras proliferan porque a gente sin escrúpulos les reditúa brutales cantidades de dinero.
Porque todos hemos fallado en negarnos a ser militares de quien sea,y también entra el otro tipo de hombre sin escrúpulos,el que se vende por poco dinero y colabora con el poderoso.
Hay que crear un esfuerzo cuyo fin ea que las industrias de guerra se reciclen a convertirse en industrias de paz.
Ahora,tocante al cuento,agradable historia de un ciclo que se contiene a sí mismo,algo dentro de la línea de la canción de Manuel Chamorro que dice"Cuando en las noches estoy dormido,sueño que sueñas que estás despierta,y estás mirando que pasa el río,Y si despierto te veo dormida,y estás soñando que pasa el río."

Víctor dijo...

No conocía la canción, Carlos. Voy a ver si la encuentro por la red. Y eso de transformar las industrias de guerra en industrias de paz es buena idea, aunque un poco utópica. Ya decían los clásicos aquello de "si vis pacem para bellum". O sea, que ni tranquilos podemos estar en las épocas de paz. Saludos.

Isabel González dijo...

Es un estupendo relato, de los mejores que he leído. Bueno incluso sin la segunda vuelta de tuerca. Me admira ladescripcion que haces de las situaciones bélicas y de los estados del protagonista.

Felicidades.

Víctor dijo...

Me alegra que te gustara, Isabel. Aunque creo que la segunda vuelta de tuerca es imprescindible. Si me quedo sólo en la primera es previsible (por lo menos en mí, que acostumbro a utilizar esa sorpresa final en mis textos); si le doy otra vuelta, entonces sí que hay sorpresa. Un abrazo.