viernes, 10 de julio de 2009

Génesis 11 bis


Tras mucho caminar, hallaron la llanura en la tierra de Sinar y de inmediato empezaron a alzar una torre para llegar hasta Dios. A éste le hizo mucha gracia el proyecto y, aunque pensó en confundir y multiplicar sus lenguas, finalmente se decidió por dejarles continuar con su inútil trabajo. Ya se cansarían.

martes, 7 de julio de 2009

Albada (VII)


Me despierta, entre las sábanas, el calor de un abrazo por la espalda, de los tuyos, y sin girarme me recreo sintiendo la ternura de tus brazos, tu mano acariciando mi vientre, tu respiración perdida en sueños... hasta que al fin recuerdo que hace ya más de un año que te marchaste y me dejaste solo en esta cama.


domingo, 5 de julio de 2009

Baño relajante


He esperado este momento durante meses y por fin hoy ha llegado el día. Esta mañana muy temprano, mientras desayunábamos juntos en la cocina, mis compañeros de piso han ido contando sus planes para la jornada, reuniones, citas y demás, y me he dado cuenta de que durante un par de horas, de seis a ocho, el piso se quedaría vacío para mí solo: todos tenían la tarde ocupada menos yo, que por suerte hoy sólo me ha tocado trabajar media jornada.

A las seis, Carla se despide con un disfruta y un portazo y me quedo, por fin, solo. Voy a mi habitación, cojo todo lo indispensable, y de camino al baño voy quitándome la ropa y dejándola desperdigada por el pasillo. Ni siquiera cierro la puerta, para qué. Regulo la temperatura del agua y me siento en la taza para observar cómo se llena poco a poco la bañera, como cuando era niño. Coloco lo necesario sobre la tapa del váter, al alcance de la mano desde la bañera, y tiro un poco de jabón bajo el chorro, para entretenerme. Empieza a llenarse de espuma la superficie, lentamente, y sonrío nostálgico mientras apago la luz y enciendo un par de velas y una barrita de incienso. Me introduzco en el agua tibia, cierro el grifo, y a tientas busco sobre la tapa algo que necesito, a la vez que suspiro relajado.

Al fin pude hacerlo. Necesitaba estar solo un par de horas, porque con alguien merodeando por el piso me daba vergüenza. Ahora, en silencio, noto cómo mi cuerpo se va adormeciendo, cada vez más liviano, más frío. Sólo una cosa me apena: no poder ver la cara de mis compañeros cuando regresen y me encuentren en la bañera con la muñecas abiertas, rodeado de espuma roja y la cuchilla manchada de sangre sobre la repisa blanca.


viernes, 3 de julio de 2009

Castigo divino


Cuando supo que Caín había matado a su hermano se enojó de tal manera que de inmediato decidió expulsarlo de la tierra. Y como no tenía otro lugar a mano, lo desterró al Paraíso, que permanecía vacío desde que sus padres se vieran obligados a marcharse.

miércoles, 1 de julio de 2009

Cita a ciegas (III)


“Els llibres no supleixen la vida, però la vida tampoc no supleix els llibres”


Joan Fuster

Violencia doméstica

Acurrucada y escondida en una esquina del baño, sollozando como una niña indefensa, lo piensa por última vez. La vida se ha convertido en un infierno a su lado y no encuentra otra salida: aunque lo ama, aunque todavía sigue queriéndole, reconoce que ha caído en una relación adictiva, en una absurda espiral de la que -sino toma una determinación- no va a poder salir. Debe acabar con él antes de que sea demasiado tarde.

Recuerda que al principio todo fue muy bonito, como todas las relaciones que empiezan. Estar con él era descubrir lugares increíbles, conocer gente interesante, estar informado de todo lo que ocurría, y ver espectáculos asombrosos, estar todo el domingo encerrados en el salón, solos, ellos dos, uno frente al otro, o trasnochar como jovenzuelos, o reír a carcajadas. Era aprender algo nuevo cada día. Pero con el tiempo todo eso fue cambiando. Primero fue el fútbol, no se escuchaba otra cosa, luego la fórmula uno, después las carreras de motos, hasta que al fin cualquier deporte. Empezaron los gritos, los insultos, las mentiras y las infidelidades. Las discusiones por tonterías, de las que ella sin embargo no podía desengancharse. Las noches de sexo y perversión, mientras fingía estar dormida. De ahí a los golpes y la violencia sólo hubo un paso.

Pero ahora la convivencia se ha hecho insoportable, absorbente, y ya no está dispuesta a aguantar ni un minuto más. Va a deshacerse de él, necesita acabar con esa pesadilla. No hay otra opción. Sale del baño y, en penumbra, se acerca sigilosamente por detrás; desconecta el enchufe y lanza el televisor por la ventana de su ático. Por fin libre.

sábado, 27 de junio de 2009

Infidelidades

Aunque lo está viendo con sus propios ojos, no quiere creerlo. En el rincón más oscuro del parque, ella -su princesa, su prometida- está besando apasionadamente a otro. No se lo piensa un instante y se dirige colérico hacia el chico rubio. Le agarra por el cuello, le atiza dos puñetazos y, una vez en el suelo, le propina patadas hasta hartarse. Complacido tras la paliza, se enciende un cigarrillo y se marcha a casa. Sobre el pavimento, tirado junto al arco, con un ojo morado, el labio partido y las alas rotas, Cupido maldice su suerte mientras una pareja con un par de flechas de oro clavadas en la espalda continúa besándose ajena a lo que ocurre a su alrededor.

jueves, 25 de junio de 2009

Fotomatón


Regreso a casa a paso ligero, por la calle casi a oscuras, pero el insistente zumbido del fotomatón, pegado a la puerta del supermercado, hace que me detenga. Por la ranura exterior va saliendo, a trompicones, una tira con cuatro fotos idénticas de una chica. Miro a mi alrededor y no encuentro a nadie esperando esas fotos; curioseo por debajo de la cortina –demasiado corta- pero en el interior de la cabina tampoco hay nadie. Me acerco un poco más y recojo la tira de fotos, en las que una joven preciosa aparece retratada con un gesto un tanto asustado. Se le habrá terminado la paciencia esperando, deduzco, ya se sabe que estas máquinas tardan una eternidad. Doblo la tira y la guardo en el bolsillo trasero. Recuerdo, de golpe, que tengo que renovar el permiso de conducir, por lo que me arreglo un poco el pelo y aprovecho para entrar en la cabina y hacerme unas fotos. Me cierro tras la cortina, introduzco un par de monedas, y sigo las instrucciones de una voz metálica que parece venir de otro mundo. Ajusto el taburete, encuadro los ojos en los óvalos de la pantalla y esbozo una sonrisa, mientras escucho la cuenta atrás del fotomatón: tres, dos, uno....

El fogonazo del flash me ciega durante unos instantes, me paraliza. Al cabo de unos estáticos minutos, bajo un ruido ensordecedor, me expulsan de la cabina, rígido, aplastado y con gesto de espanto. También a trompicones, pues la ranura exterior continúa siendo muy estrecha.

lunes, 22 de junio de 2009

El canario


Se veía venir, sólo era cuestión de tiempo. Comía ya muy poquito: picoteaba de vez en cuando, pero sin apetito. Tampoco bebía demasiado. Por eso ha estado estos últimos días cabizbajo, casi inmóvil. Siempre me pareció un poco triste verlo encerrado detrás de esos finos barrotes de la jaula pero con el tiempo acabé por acostumbrarme. Aunque pueda sonar egoísta, me gustaba verlo ahí, preso, porque me ofrecía la compañía que necesitaba en mis largos ratos de soledad. Y cuando cantaba para aliviar mis penas, su melodía se sumaba a la mía, fundiéndose en una sola. Pero no es bueno encariñarse de un animal de compañía. Luego se mueren, como acaba de ocurrir, y te quedas solo, agitando las plumas mientras piensas con cuál de los hijos del anciano con el que has compartido encierro todos estos años, cada uno a su modo, te vas a quedar.

domingo, 21 de junio de 2009

Aritmética


Claro que puedes hacerlo, Chus, cómo no vas a poder. Sólo es una multiplicación. Y de las fáciles. Venga, por favor, por lo menos esfuérzate un poco, hazlo por nosotros. Sabes que confiamos en ti, eres capaz de esto y de mucho más. Inténtalo, por lo menos. Además, hasta que no termines la multiplicación no podemos ir a comer, ya lo sabes. Primero son las obligaciones. Y mira ya qué hora es. Nosotros empezamos a estar hambrientos, ¿tú no? Está bien, si quieres te podemos ayudar un poco, pero debes hacerlo tu solito, ¿de acuerdo?

Harto de tanta insistencia, Jesús cogió los panes y los peces, y los multiplicó.